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Ascendente cuadratura Luna

Quieres entrar sereno y la marea te sube por dentro a destiempo, mojándote la voz justo al saludar. La Luna, ese vaivén de lo que sientes y necesitas, tira en ángulo torcido contra el umbral por donde apareces en tu carta, y el roce levanta oleaje. Cuando intentas presentarte con aplomo, una emoción se atraviesa y desborda el gesto antes de que llegues a decidirlo. De ese rozar se aprende a contener sin tapiar: a dejar que el sentir cruce el quicio sin anegar la habitación entera. La calma, aquí, se gana ola tras ola, alzando un dique que filtre el agua sin dejarte de piedra en mitad de la puerta.