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Ascendente oposicion Mercurio

Tu forma de asomarte a la puerta y tu hilo de pensamiento se sientan en orillas enfrentadas del mismo eje. Mercurio, esa voz interior que clasifica, ordena y comenta por lo bajo, queda frente al umbral por donde apareces ante los demás en tu carta. Cuando llegas callado, algo dentro tira pidiendo soltar la frase; cuando entras hablando, la primera piel reclama que pares la oreja y escuches al otro. Los dos extremos se exigen cuentas en cada encuentro, y quien tienes enfrente suele devolverte tus propias palabras antes de que las hayas pulido. Vives en esa pulseada entre cómo te presentas y lo que la mente va murmurando, aprendiendo a no convertir cada saludo en un alegato a dos voces.