La dirección hacia la que creces se planta enfrente de la puerta por la que te asomas al mundo. El Nodo Norte, ese eje calculado que apunta tu rumbo evolutivo y no un cuerpo con masa, queda enfrentado al grado que asciende en tu carta. Tu cara de llegada y el sitio hacia el que tiendes a crecer se encaran de extremo a extremo, cada cabo señalando lo que al otro le falta. A veces tu rumbo parece quedar siempre al fondo, en el lado contrario de cómo te presentas, visible pero al otro cabo del eje. Te reconoces en ese tira y afloja entre la piel con que recibes al mundo y la orientación que te empuja, sin tregua, a salirte de lo conocido.