Tu manera de aparecer y tu fondo subterráneo se encaran desde los dos cabos del eje. Plutón, esa parte que excava, remueve de raíz y tantea el poder, queda enfrentado al umbral por donde te muestras ante los demás en tu carta. Cuando llegas suave, algo intenso tira desde el otro extremo pidiendo verdad sin maquillaje; cuando te muestras feroz, la primera piel reclama un poco de ligereza. Los dos cabos se exigen cuentas en cada encuentro, y quien tienes delante suele sentir tu hondura como un pulso sordo de fuerzas antes de llegar a entenderla. Vives en esa pulseada entre el rostro que ofreces y el poder que late debajo, midiendo cuánto abismo dejas asomar por el quicio.