Hay un interruptor nuevo junto a la puerta, de esos que encienden otra clase de luz. Urano, esa originalidad que ve los ángulos en los que nadie repara, tiende un buen ángulo al horizonte por donde asciendes en tu carta. No se acciona por su cuenta: depende de que tú decidas pulsarlo, de que dejes asomar a conciencia lo distinto al cruzar el umbral. Cuando lo haces, tu modo de aparecer gana frescura, una libertad que el otro respira como aire recién entrado. Lo inesperado queda disponible como ese interruptor junto a la puerta, a la espera de que lo toques para presentarte con más chispa propia y menos molde prestado de otros.