Entras y el aire del cuarto se vuelve un punto más suave, como mirado a través de agua mansa. Neptuno, esa parte que sueña y se compadece sin que tenga que proponérselo, corre en buen ángulo hacia el horizonte por donde asciendes en tu carta. Lo que en otros enturbia el agua, en tu modo de aparecer baja limpio: la sensibilidad entra contigo en la habitación sin que te pierdas de vista a ti mismo por el camino. La gente te calibra de lejos como alguien con hondura, de esos a quienes confías lo que no se dice en voz alta. No es magia, es cauce: tu manera de llegar al mundo trae el velo en su justa medida, el suficiente para abrigar sin llegar a desaparecer.