Una vieja cicatriz en la palma se te ha vuelto el mapa con que reconoces a los demás. Quirón, ese punto donde la herida se hizo maestra, corre en buen ángulo hacia el horizonte que asciende en tu carta, y lo que un día dolió entra hoy, sin pelearse, en tu manera de abrir la puerta al mundo. Tocas a quien llega con la suavidad de quien ya conoce ese dolor por dentro y no necesita que se lo expliquen. No es sabiduría sacada de los libros: es la cojera vuelta paso reconocible, la marca antigua templando la primera mirada, dejando pasar al otro sin que dé un respingo, como si reconociera en ti a alguien de su misma especie.