Entras y el cuarto encuentra su orden, como una viga que asienta el techo sin un solo chirrido. Saturno, esa parte que estructura y sostiene sin tener que apretar los dientes, corre en buen ángulo hacia el horizonte por donde asciendes en tu carta. Lo que en otros pesa como una losa, en tu modo de aparecer va firme y tranquilo: la seriedad entra contigo en la habitación sin endurecerse en rigidez. La gente te calibra de lejos como alguien de fiar, maduro ya al primer cruce de palabras. No es dureza de piedra, es cauce: tu manera de llegar al mundo trae el cimiento ya puesto, una solidez que serena a quien cruza tu umbral en vez de dejarlo a un brazo de distancia.