En las viejas cuadrillas de bomberos voluntarios había siempre un compañero al que se llamaba para abrir la puerta cuando el fuego ya estaba pegado a ella; entraba primero, no por temerario, sino porque su cuerpo no esperaba a que el grupo terminara de deliberar. Con el Descendente en Aries, ese es el tipo de persona que se te acerca y se queda. La pareja, el socio, el vínculo estrecho que aparece suele traer iniciativa, franqueza inmediata, la mano que empuja la puerta antes de que tú la mires dos veces. Marte asoma aquí por tu cara relacional, y por eso te atrae quien va más directo que tú, quien dice lo que piensa sin rodeo, quien arranca la conversación incómoda mientras tú aún la estás pensando. Te imanta quien no te hace esperar. Fíjate en una cosa, porque es la parte fina: eso que admiras en el otro suele ser una chispa que tú también tienes y no estás dejando salir. No es que elijas mal, eso te lo dicen los manuales perezosos. Es que a veces le entregas toda la iniciativa al otro para no tener que abrir tú ninguna puerta, y entonces te quedas esperando un empuje que también vivía en tu propio cuerpo. La buena compañía se sostiene cuando los dos saben llevar el fuego. Mira si lo que te enamora del otro no es, en el fondo, una parte tuya pidiendo permiso para encenderse.