Lo que sientes y el sitio donde la vida te cuaja laten bajo la misma costilla. La Parte de Fortuna, ese punto que tu carta obtiene midiendo del Sol a la Luna y volcándolo sobre el Ascendente, comparte grado con la propia Luna: tu bienestar y la necesidad de cobijo son un único latido, imposible de separar. Floreces cuando hueles a casa, prosperas cuidando y dejándote cuidar, en lo íntimo, en el rincón que te ablanda los hombros. Tu satisfacción no es de escaparate, es de cocina con vapor en los cristales y voces que ya conoces. Vigila no acurrucarte tanto en el nido que olvides que también floreces cuando asomas la cabeza al frío de afuera.