En el instante en que le pones nombre a algo, ahí mismo se enciende lo que te hace bien. La Parte de Fortuna, ese punto que tu carta arma con tres piezas, Sol, Luna y Ascendente, y que se voltea entre el día y la noche, comparte grado con Mercurio: tu bienestar y la mente que ata cabos vienen en una sola pieza, soldados. Floreces hablando hasta tarde, leyendo de corrido, encontrando el atajo que nadie veía. Tu satisfacción huele a libro abierto, a conversación que se alarga, a esa pregunta tuya que abre una puerta. El riesgo está en pensar tanto el bienestar, darle tantas vueltas, que se te olvide simplemente habitarlo, como si nombrar lo bueno ya fuera vivirlo.