El punto donde tu carta pisa más suelto se mete en escuadra contra la cumbre a la que subes. La Parte de la Fortuna, ese lugar calculado entre tu Ascendente, tu Sol y tu Luna según la sect de la carta y no un astro con cuerpo, tira de costado contra el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El terreno donde andar te pesa menos no marcha al paso del rumbo que persigues, y el codo choca al doblar. No te firma una vida dichosa: lo que a solas se da llano se atraviesa en cuanto lo sacas a lo visible. De ese rozar aprendes a no confundir el suelo cómodo del salón con el camino empinado que de verdad sube.