Te asomas a lo sagrado y, en el mismo instante, el sitio donde de verdad floreces se te escapa entre los dedos como arena mojada. La Parte de Fortuna, ese punto que tu carta calcula con el Sol, la Luna y el Ascendente, se cuadra con Neptuno desde otra posición: la niebla tira hacia disolverlo todo, lo que prospera en ti reclama algo firme entre las manos, y de ese cruce a contrapelo nació tu modo de buscar el bienestar. Cuántas veces idealizaste la dicha hasta no reconocerla cuando aparecía, tomando un espejismo por tu satisfacción. De tanto desengaño se te aguzó un discernimiento que ya separa el sueño de lo que pisa suelo. Lo agradeces cada vez que la ilusión se deshace contra lo que de verdad te nutría.