En un teatro de barrio, de funciones modestas, hay un actor secundario al que un solo aplauso le sostiene la semana entera. Se le ve en el cuerpo: cambia de postura cuando por fin recibe el reconocimiento que merecía, como si le hubieran enderezado la espalda desde dentro. No es vanidad. Es la respuesta natural de un cuerpo a la luz que tardaba en llegar. Tu Parte de Fortuna en Leo es de esa misma estirpe: no es un planeta, sino un punto que sale de un cálculo entre tu Sol, tu Luna y tu Ascendente, y que se traza distinto según hayas nacido de día o de noche (en la ficha del planeta tienes el porqué de esa diferencia entre carta diurna y carta nocturna). Tu felicidad se enciende cuando ocupas el centro con dignidad, cuando firmas la obra con tu nombre, cuando aceptas el aplauso sin disimularlo, cuando algo tuyo se ve y un proyecto creativo recibe respuesta. La satisfacción aquí pasa por el brillo recibido. El nudo no es la egolatría. Es confundir la celebración con la dependencia del aplauso, dejar de hacer lo tuyo en cuanto nadie mira. Tu alegría pide testigos, sí, pero también aguanta el silencio del ensayo a solas. ¿Qué obra pequeña tuya te toca mostrar esta semana sin disculparte con nadie por querer que la miren?