En un pueblo al que llegan pocos viajeros hay una librería pequeña cuyo dueño guarda libros traídos de tres países distintos para los contados clientes que todavía preguntan. Su felicidad de cada día es mínima y enorme a la vez: encontrar al lector que necesitaba justo ese título, ver cómo a alguien se le ilumina la cara con un libro que llevaba años esperando sin saberlo. El sentido aparece, a veces, en un encuentro chiquito. Tu Parte de Fortuna en Sagitario aparece igual, en un encuentro pequeño: no es un planeta, sino un punto que sale de un cálculo entre tu Sol, tu Luna y tu Ascendente, y que se traza distinto según hayas nacido de día o de noche (en la ficha del planeta tienes el porqué de esa diferencia entre carta diurna y carta nocturna). Tu felicidad se enciende en el aprendizaje largo, en el viaje que abre el marco, en una conversación de fondo sostenida una hora entera, en la confianza puesta en una idea grande, en enseñar con entusiasmo. La satisfacción aquí pasa por los horizontes amplios. El nudo no es el optimismo. Es confundir la búsqueda con la huida, llamarle horizonte a lo que era escape. Tu alegría también admite quedarse. ¿Qué tema grande te toca estudiar esta semana de forma sostenida, sin saltar al siguiente entusiasmo a la primera dificultad?