Un platillo de la balanza guarda lo que ya prospera en ti; en el otro Júpiter empuja por abrirlo todo a la vez. La Parte de Fortuna y Júpiter quedan encarados en los extremos de un eje, y cada polo necesita al contrario para existir: tu bienestar reclama medida, la promesa lo infla, y el sitio donde la vida cuaja la devuelve a tierra cuando se desboca. Prometes de más y se te escapa el patio donde estabas bien; te encoges por prudencia y dejas pasar lo que florecía. La cuestión no es elegir un platillo. Es que los dos se sostengan en vilo, mirándose.