En una orilla el músculo aprieta por actuar ya; en la de enfrente reposa el sitio donde la vida te cuaja a fuego lento. La Parte de Fortuna y Marte ocupan polos contrarios del mismo eje, y ninguna de las dos se entiende sin la otra cara: tu impulso acelera y el bienestar reclama pausa, la pausa te aquieta y el deseo vuelve a sacudirla. Peleas con tantas ganas que pierdes de vista lo que prospera en ti; te frenas por miedo a romper algo y dejas tu satisfacción sin nadie que la defienda. Mírate bien: el arranque y el florecer son dos orillas del mismo río. Tu fuerza, ya curtida, las pone a balancearse en vez de a competir.