Hay quien entra a tu casa y al primer minuto respira más hondo, como si el techo se hubiera levantado de golpe. No es que el salón sea grande. Es que el aire que rodea tu mundo interior tiene metros de altura. Júpiter y la Luna se posan en el mismo grado de tu carta, así que en ti no hay un sentir por un lado y un acoger por otro: es un mismo gesto, y cuando alguien te importa ya está dentro de un cielo. Los que andan perdidos te buscan porque intuyen, antes de poder decirlo, que hay sitio. La trampa no es pasarte de generoso. Es no haber aprendido que el cielo también se nubla a ratos, y que nublarlo no te vuelve mezquino. Te vuelve habitable.