Pisas a fondo con el mapa abierto sobre las rodillas y la curva ya viene encima. Júpiter y Marte se cruzan en ángulo recto en tu carta: la visión que abarca gira hacia un lado, el músculo que arranca gira hacia el otro, y la rueda chirría justo en el cruce. Tu impulso no tiene paciencia con tu propio plan. Tu plan se enfada con tus pies por adelantarse. Lo pagaste en proyectos demasiado grandes para el plazo o demasiado rápidos para el terreno. Esa tensión cruzada te ha hecho alguien que sabe que la ambición sin pies se queda en pizarra y que los pies sin pizarra terminan perdidos. Tu dirección está hecha del recuento de las veces que tuviste que corregir el volante.