Crees en algo grande y al rato una mano interior te arrastra al sótano a ver si aguanta ahí abajo, donde no llega ningún aplauso. Júpiter y Plutón se cruzan en ángulo recto en tu carta, y la fe que quiere ensancharse rechina contra la fuerza que solo confía en lo que pasó por el subsuelo. Te entusiasmas y al segundo desconfías. Profundizas y echas de menos el aire ancho de la visión. La factura llegó soltando proyectos cuando todos te veían arriba, porque algo dentro pedía un descenso que nadie más registraba. Hoy sabes que ninguna fe verdadera se salta el sótano. No predicas lo que no has bajado a tocar. Tu autoridad la ganaste transformándote mientras nadie miraba, y por eso no se parece a ninguna otra.