Un globo tira del cordel hacia un lado mientras la cumbre de tu carta apunta al contrario. Júpiter, ese fuelle que ensancha y promete tierra más ancha, queda enfrentado al meridiano por donde sube tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. La promesa de horizonte y el lugar visible donde te muestras se reclaman cuentas de cabo a cabo. Cuando inflas de más lo que haces delante de todos, algo enfrente te baja a la medida; cuando lo recortas, te tira otra vez a crecer. Vives en ese forcejeo entre el cielo que prometes y el suelo que de verdad enseñas, regateando cuánto cabe por el quicio de tu oficio sin que reviente el marco.