En una punta de tu carta el centauro aprieta la flecha vieja; en la otra Júpiter quiere abrir todas las puertas de golpe. Quirón y Júpiter se miran de frente cruzando el mismo eje, y cada polo le pide al otro que exista: tu fe se hincha y la lesión la corrige, la lesión se encoge y la visión vuelve a estirarla. Hay días en que prometes de más para tapar lo que duele, y días en que la cojera te recorta la esperanza al ras. El balancín no busca que ganes un lado. Te pide los dos voltajes hablándose, porque tu sabiduría vive en ese vaivén y no en el polo cómodo. Cuando uno calla al otro, la frase se queda coja de verdad.