Una casa con la luz del recibidor encendida y la puerta sin echar el pestillo, y la dueña eres tú. Por el sextil, Júpiter, la generosidad que da de sobra, y la Luna, el cariño que cuida en lo pequeño, se quedan disponibles en cuanto bajas el listón de cuánto medir antes de invitar. Disponibles, no servidos: tendrás que soltar el cálculo y abrir sin tener la casa perfecta. El día que te atrevas a decir entra, acabarás rodeada de gente que de verdad vuelve. El picaporte ya cede. Solo falta que llames tú primero.