La mesa donde siempre cabe un cubierto más te queda a un brazo, lista por si quieres servir de ella. Júpiter, ese dios del banquete que abulta cuanto abraza, hace buen ángulo con el Nodo Sur, el eje calculado que marca la tierra conocida de donde vienes y no un cuerpo que orbita. La generosidad que repartes con los ojos cerrados es un recurso viejo, a tu disposición para aligerarlo cuando te pese. Nadie te obliga a nada. Reconoces el hábito de agrandarlo todo, de servir de más, y aflojas la mano un poco. El exceso familiar se reparte mejor. Y no pierdes ni una pizca del calor que ya sabes dar.