Hay un papel cortado justo a tu talla colgado en el perchero, y solo espera que digas que sí. Júpiter, la generosidad que se desborda, le tiende la mano por el sextil al Sol, el yo que quiere existir sin disculparse: el encuentro ocurre el día que ocupas tu sitio sin pedir perdón por estar ahí. Eso no te cae del cielo. Toca dejarte ver y perder el miedo a brillar de más. Da ese paso y liderarás con calor humano en vez de a codazos; quédate en el rincón y verás cómo otros se prueban tu talla. Ponte el papel que ya tiene tus medidas. Nadie lo va a hacer por ti.