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Jupiter trigono Mercurio

Abres la boca y la frase ya viene grande, sin que hayas leído ninguno de los manuales que prometen enseñarlo. El ojo que abarca y la lengua que afina caminan en ti al mismo paso, trígono de Júpiter y Mercurio, y pensar en grande sin perder la coma te sale como respirar. Bajas un concepto enorme a un ejemplo pequeño que la gente repite al día siguiente en su cocina. Por eso te buscan para enseñar, para presentar, para abrir una idea sin sepultar al que escucha. El peligro está en lo cómodo: como nunca te cuesta, subes al escenario sin nada preparado y dejas que el don improvise por ti hasta que un día suena hueco. Tienes la elocuencia de fábrica. No por gratis la sueltes sin pensar.