Caminas con una cojera vieja y aun así el horizonte te entra entero por los ojos, sin que tengas que estirarte. Quirón y Júpiter forman un trígono en tu carta: la lesión que enseña y la fe que ensancha son el clima en el que respiras, un aire que ya viene templado. Lo que aprendiste cayendo te sale en palabra ancha sola, y quien te escucha siente que tu esperanza no es ingenua, que viene del barro. Das ánimo sin negarle la herida al otro, casi sin pensarlo. El riesgo no está en hacer poco. Es no notar lo raro que es llevar la cojera y la fe en el mismo paso, y darlo por sentado. Cuídalo.