Lo que sientes y la emoción salvaje que te pidieron esconder laten en el mismo pulso, sin que puedas separar una de la otra. La Luna se posa sobre tu Lilith en idéntico grado: tu necesidad de cuidado lleva dentro un afecto indómito que nadie te dejó mostrar, y por eso tu mundo íntimo no cabe en lo que se espera de una emoción dócil. Sientes entero, sin amaestrar la parte que muerde, y quien te conoce de cerca lo nota. No te emocionas desde lo correcto, sino desde lo que no quisiste domar. Cuídate de tapar ese fondo crudo con una ternura de cara, porque entonces acabas sintiéndote falso contigo mismo.