El brazo que arranca a actuar y la rabia que te enseñaron a tragar son un mismo músculo tensándose en tu carta. Marte se planta justo encima de tu Lilith, impulso y enojo fundidos en un solo movimiento, de modo que cuando empujas no pides permiso a nadie. Te lanzas con la furia entera, sin maquillarla de cortesía, y quien tienes delante siente que tu ganas de actuar tienen dientes. No peleas desde lo correcto, peleas desde lo que no quisiste amansar. Vigila no volver guerra cada roce: ese filo merece batallas de verdad, no la primera chispa que pase.