Tu necesidad de refugio busca calma y una emoción que no domesticaste la cruza y la sacude, y de ese vaivén a contramano sale tu mundo íntimo. Lilith y la Luna se traban en cuadratura, a noventa grados justos: el afecto que busca nido y el sentir salvaje que no se amansa tiran cada uno por su lado y se desgastan por dentro. Has querido cuidado con lo crudo agitándose debajo, buscando abrigo mientras algo en ti rompía la mansedumbre. Pesa, y de ese trabajo brota una hondura que nadie cava sin haber sentido arder lo indómito. Tu casa emocional se levantó justo ahí, en cada sacudida que lo salvaje le dio a la quietud que pedías.