Tu empuje quiere salir derecho y una rabia que no domesticaste lo cruza de lado y lo tuerce, y de ese rechinar sales con forma. Lilith y Marte se clavan en escuadra, a noventa grados: la fuerza que actúa y el enojo que no se amansa muelen el uno contra el otro hasta sacar chispas. Has actuado con la furia cruda encima, arrancando cuando lo salvaje ya había roto la calma. Cuesta, y de esa fricción sale un coraje que nadie cría sin haber sentido arder lo indómito por dentro. Tu modo de pelear se forjó en cada vez que el enojo crudo desbordó tu primer movimiento. La estructura que sostiene tu fuerza la levantó esa misma pelea.