Tu mente quiere ordenar las ideas y una parte tuya se atraviesa, negándose a decir lo correcto, y de ese chirrido cruzado sale tu manera de pensar. Lilith y Mercurio chocan en cuadratura, formando un ángulo recto que no afloja: la palabra que busca encajar y el pensamiento que no se amansa tiran cada uno por su esquina y se desgastan sin descanso. Has hablado con lo crudo asomando, puliendo una frase mientras algo en ti quería partirla. Cuesta, y de ese roce nace una inteligencia que no suena a manual de buenos modales. Cada vez que lo indómito desbordó lo que tocaba decir, tu voz ganó un filo que incomoda y se queda en la memoria de quien lo oye.