A finales del diecinueve, en las primeras comunidades anarquistas, hubo mujeres que se negaron a casarse, a votar dentro del sistema, a ser madres, y que al mismo tiempo rechazaron la versión libertaria masculina que también las definía en función del grupo. Quedaron afuera del afuera. Y en vez de rendirse, armaron sus propios círculos con otras igual de raras. Tu Lilith en Acuario marca esa zona. Lilith no es un cuerpo orbital que se pueda señalar, sino el apogeo de la Luna, el punto más lejano de su órbita: un lugar que se calcula en el mapa, no un astro que cruce el cielo, y nombra esa parte de ti que prefiere quedarse afuera antes que limarse para entrar. Aquí lo que no se domestica vive en lo colectivo, la pertenencia, la utopía: una negativa a entrar en grupos que piden asimilación, a comprar la cara presentable del progresismo cuando te borra el costado raro, a sostener una identidad de tribu que te cuesta tu ángulo propio. Aprendiste pronto que tu rareza incomodaba incluso a la gente que se decía rara. El nudo no es la marginalidad. Es confundir ese legítimo estar afuera con una condena a no pertenecer nunca a nada, como si todo grupo viniera a costa de limarte. Hay tribus que sí podrían recibirte sin pedirte simetría. ¿Qué grupo pequeño ya está esperándote esta semana sin pedirte que recortes tu costado raro?