En los pueblos del Mediterráneo todavía se cuenta de mujeres que no quisieron ser madres aunque la familia lo daba por hecho, y que cuidaron sobrinos, animales y huertos con una hondura que no tenía nada de tibia. Su negativa nunca fue incapacidad de cuidar. Era un cuidar que se reservaba el derecho de elegir dónde poner el cuerpo y por quién. Tu Lilith en Cáncer lleva esa misma cualidad. Lilith no es una roca en el cielo, sino el apogeo de la Luna, el punto donde su órbita se aleja más de nosotros: un lugar calculado en el mapa, no un astro que se pueda tocar, y por eso señala lo que en ti se reserva y no se deja convocar a la fuerza. Aquí lo que no se domestica pasa por el hogar, la maternidad, la pertenencia familiar: una parte de ti que se niega a ocupar el lugar emocional que la familia te tenía guardado, que no acepta volverse la cuidadora automática, que guarda una intimidad incompartible con la mesa común. Aprendiste pronto que tu hambre emocional no encajaba en el guion de la casa. El nudo no es la frialdad. Es confundir tu derecho legítimo a no maternar con una prohibición de toda ternura, como si elegir a quién cuidas fuera lo mismo que no cuidar a nadie. El cuidado elegido es otra cosa, y la conoces bien. ¿A quién puedes cuidar esta semana sin que ese gesto te devuelva de golpe a un rol heredado que ya no quieres?