Una parte de ti se acurruca pidiendo refugio y pertenecer; otra guarda una emoción que no piensa amansarse por nadie. La Luna y Lilith ocupan polos opuestos de un mismo eje y se llaman a distancia, una no se entiende sin la otra: tu hambre de nido tropieza con tu afecto indómito, y lo salvaje prende cuando el cuidado te aprieta de más. Hay días en que te haces pequeño para que te quieran, y días en que tu emoción cruda rompe el refugio que armaste. El espejo te muestra que ternura y salvajismo son la misma agua vista desde dos orillas. Lo que te vuelve hondo no es vencer a un polo, sino dejar que la dulzura y lo crudo se hablen de igual a igual.