Una parte de ti quiere disolverlo todo en belleza y bruma; otra guarda el deseo que no se deja idealizar. Neptuno y Lilith tiran cada uno desde su extremo del eje y se sostienen en pulso, uno reclamando al otro: tu ensueño envuelve lo crudo en niebla y lo salvaje desgarra esa niebla pidiendo carne. Hay días en que idealizas para no tocar lo que arde, y días en que lo indómito rompe el sueño bonito que te contabas. El espejo no te deja coronar un solo polo: te pide la bruma y el hambre de cuerpo respirando juntas, sin que ninguna borre a la otra. Maduras dejándolas pesar lo mismo.