Una mano tuya quiere controlarlo todo desde la sombra; la otra guarda el deseo que no se deja gobernar. Plutón y Lilith se plantan en las dos orillas del eje, cara a cara, y ninguno cede su mitad al otro: tu hambre de poder tropieza con lo que no piensas amansar, y lo salvaje prende cuando el control te aprieta. Hay días en que dominas para no sentir lo que late debajo, y días en que lo indómito derriba el imperio que armaste. El espejo te muestra que poder y apetito crudo son la misma fuerza vista desde dos orillas. Tu hondura no llega aplastando un polo, llega cuando los dejas pesar lo mismo en la balanza.