Una cara tuya quiere ser vista y aprobada; la otra guarda lo que no piensa pedir permiso para existir. El Sol y Lilith se reparten los dos cabos del eje y se buscan a través de toda esa distancia, uno definiendo al otro: tu hambre de reconocimiento tropieza con tu parte indómita, y lo salvaje prende cuando te encoges para gustar. Hay días en que te recortas para que te quieran, y días en que lo crudo rompe la imagen pulida que ofrecías. El espejo te muestra que brillo y salvajismo son la misma luz vista desde dos orillas. Te vuelves entero el día que dejas de coronar el lado aplaudido y lo pones a pesar contra el que muerde.