Una parte de ti quiere agradar y ser querida; otra guarda el deseo que no pide disculpas por existir. Venus y Lilith se asoman desde los dos confines del eje y se reclaman a lo lejos, una no existe sin la otra: tu hambre de gustar tropieza con tu apetito indómito, y lo salvaje prende cuando te endulzas para encajar. Hay días en que te vuelves complaciente para que te elijan, y días en que el deseo crudo rompe el papel de pareja amable. El espejo te muestra que encanto y salvajismo son la misma sed vista desde dos orillas. Tu manera de amar madura cuando pone los polos a pesar lo mismo, no a anularse.