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Quiron sextil Lilith

Quirón, ese punto donde la herida se hizo maestra, se ofrece en buen ángulo a Lilith, la Luna Negra, ese punto calculado en el apogeo lunar donde vive lo que no se deja amansar. A sesenta grados aguarda una veta salvaje al alcance, pero no se planta sola delante de ti: hay que estirar la mano. Si recoges lo indómito cuando tocas la vieja cicatriz, tu modo de curar gana un filo que no se disculpa. La puerta queda entornada, no abierta. Cada vez que dejas que la fiera acompañe al dolor, la herida deja de pedir permiso, y basta empujar un poco para que cures con dientes en vez de con lástima.