Sientes hondo y la emoción salvaje que llevas dentro no te asusta: las dos son la temperatura tibia y constante en la que habitas, sin pelearte contigo. Lilith y la Luna forman un trígono en tu carta: el afecto indómito y la necesidad de cuidado laten al mismo compás, así que tu ternura lleva un fondo crudo que la hace verdadera, no de azúcar. Quien se acerca siente que tu cariño no es de cara. Lo que puede írsete de las manos no es sentir poco, es volverte sordo a lo extraño que resulta sostener la dulzura y lo salvaje en un mismo latido, una mezcla que casi nadie carga sin romperse.