Lo que en ti se niega a ser amansado baja en línea limpia hacia la cumbre a la que subes. Lilith, la Luna Negra, ese apogeo calculado en el punto más lejano de la órbita lunar y no un astro con cuerpo, corre en buen ángulo hacia el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. Lo que te niegas a plegar entra ya con naturalidad en lo que muestras, sin que lo tengas que forzar. Esa veta salvaje se hizo parte del temple con que te plantas en tu oficio. Lo indomable viaja sereno en cada cosa por la que te reconocen, con un filo natural que no necesitas defender, y a nadie se le ocurre pedirte que lo guardes.