Te muestras tal cual y lo salvaje que llevas dentro no te avergüenza, lo luces: las dos cosas son la luz tibia y pareja en la que tu identidad respira holgada. Lilith y el Sol forman un trígono en tu carta: lo indómito y la luz que te afirma van del brazo, así que tu presencia lleva un fondo crudo que la hace verdadera, no de escaparate. Quien te conoce siente que no actúas un papel para agradar. Lo que puede írsete no es brillar poco, es perderle el respeto a algo escaso: el brillo y lo salvaje conviviendo en la misma cara, una rareza que pocos sostienen sin partirse.