Lo que sientes y lo que te dolió laten en el mismo pecho, sin una raya que los separe. Quirón y la Luna ocupan el mismo grado en tu carta: el cuidado que abraza y la herida temprana son un solo latido, capa sobre capa de la misma piel. Cuidas a otros desde el punto exacto en que a ti te faltó cuidado, y por eso tu ternura llega hondo, no es de adorno. Hueles la herida ajena antes de que la nombren porque la tuya nunca duerme del todo. El centauro que consuela lo hace con su propia llaga abierta al aire. La trampa es volcarte en cuidar a todo el mundo para no sentir la corriente fría de tu propio refugio.