Sostienes una conversación difícil sin que se te raje la voz, y el otro se apoya en eso sin saber lo que le está costando a tu pecho. Tu Luna y Saturno habitan un mismo grado de tu carta, y por eso el sentir y la estructura son en ti un mismo trabajo: tu emoción no se desborda, se sostiene en pie. Por eso aprendiste pronto a ser el punto fijo de los demás, a veces antes de tener edad para ello. Lo que tarde o temprano entiendes es a no confundir contención con silencio. Lo que sientes también pide sitio, y ese sitio tiene que estar primero dentro de ti. Luego afuera. Ese orden, y no el otro, te cuida.