Tu casa huele a algo bueno antes de que llegue nadie, y nadie sabría decir a qué exactamente. Tu Luna y Venus tocan el mismo punto de tu carta, y por eso el sentir y el gusto son en ti una sola atención: cuidas a la gente por la vía del detalle, la taza servida antes de que la pidan, la luz bajada en el momento justo, la palabra escogida a la temperatura que tocaba. Por eso quien come en tu mesa no recuerda el menú, recuerda el clima. La asignatura pendiente es dejarte cuidar igual que cuidas. La hospitalidad que solo sale y nunca vuelve te reseca por dentro.