Buscas un sitio tranquilo donde dormir y tus propios pies te llevan a aguas oscuras donde la calma nunca se quedó. La Luna y Plutón se cruzan en ángulo recto en tu carta: la necesidad de refugio muele contra el llamado a sumergirte en lo emocional más hondo. Buscas hogar y sospechas que estás huyendo de lo verdadero. Bajas a tus aguas y asustas a quien venía a arroparte. La cuenta la pagaste en vínculos donde fuiste demasiado intenso para alguien que solo podía ofrecerte un brazo. Has aprendido a buscar gente capaz de las dos cosas: refugio y descenso. Pocas hay. Las pocas que hay valen una vida entera. El ojo para reconocerlas lo afilaste a base de pedirle océano a quien solo tenía orilla.