Buscas un refugio tibio y una herida vieja enfría las paredes justo cuando cruzas el umbral. Quirón y la Luna se cuadran en tu carta, tirando en cruz desde esquinas distintas: la necesidad de cobijo hala hacia un lado, el dolor temprano hacia el otro, y ese forcejeo te ha modelado el modo de querer. Cuidaste mientras algo dentro seguía sin cerrar, diste calor desde tu propio hueco, y eso desgasta. De ese roce sostenido sale una empatía que no le crece a quien nunca tuvo frío. Tu manera de sostener se levantó contando las veces que el cariño chocó con la llaga. La hondura de tu ternura es viga puesta a contrapeso, no terreno regalado.