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Luna en Aries

Hay relámpagos que iluminan un campo entero medio segundo antes de que llegue el trueno, y el ojo, aunque sepa que el sonido viene de camino, no consigue dejar de mirar la luz. Tu manera de sentir vive en ese medio segundo. Llevas la Luna en Aries, y eso significa que la emoción te llega primero al cuerpo y solo después a la cabeza: la rabia, la ternura y el entusiasmo te suben al pecho a la misma velocidad, y a veces se confunden entre sí hasta que aprendes a mirarlas despacio. Otros lo viven como reacción exagerada; en ti es un sistema que siente sin filtro y necesita descargar para entender qué le pasa. No es que sientas de más. Es que sientes en directo, sin el retardo que otros tienen de fábrica. Marte, que rige aquí tu Luna, no te calma pidiéndote que te aguantes. Te calma con movimiento, con poder hacer algo con lo que sientes en cuanto lo sientes, con el gesto que saca afuera lo que por dentro quemaba. Por eso una caminata rápida o una conversación franca te ordenan más que una tarde callado. Te cuelgan la etiqueta de impulsiva y no es ahí donde aprietas. Aprietas cuando tomas la intensidad de este minuto por una verdad permanente: das por definitivo un sentimiento que en una hora ya será otra cosa. Tus emociones son meteorología veloz, no clima. No te pido que dejes de encenderte, sería pedirte que dejes de latir. Te pido que, antes de decidir nada importante, dejes pasar un relámpago entero y mires qué queda cuando el trueno ya sonó.