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Luna en Geminis

Los pájaros carpinteros golpean el tronco a una velocidad que rompería cualquier otro cráneo, y aun así la cabeza no se les parte: está construida exactamente para encajar tantos impactos por minuto sin astillarse. Tu manera de sentir tiene ese diseño. Llevas la Luna en Géminis, y eso significa que no procesas una emoción quedándote quieto con ella: la procesas hablándola, escribiéndola, contándosela a tres personas distintas para ver qué versión aguanta de pie. Desde fuera parece dispersión; por dentro es el sistema nervioso digiriendo. No es que sientas menos. Es que necesitas nombrar para tragar. Mercurio, que rige aquí tu Luna, no te calma con silencio. Te calma con conversación, con poder ponerle palabra a lo que sientes en cuanto lo sientes, con la pregunta que abre lo que estaba cerrado. Por eso una charla a tiempo te ordena por dentro más que una hora a solas. Te llaman frívola y se equivocan de defecto. El tuyo es más sutil: confundes haber nombrado un sentimiento con haberlo atravesado, te quedas en el comentario sobre lo que pasó sin habitar el cuerpo donde pasó. A veces el silencio también es una forma de comer. Hablar lo que sientes es tu respiración, nadie te va a pedir que la cortes. Solo, de vez en cuando, reserva un rato sin explicar nada y mira qué emoción aparece cuando ya no la estás traduciendo en tiempo real.